
De repente se oyó un trueno fragoroso, la habitación se llenó de perfumes y apareció Cristo. Mientras los coros angélicos cantaban dulces melodías, el Hijo decía a su Madre: "Ven, escogida mía, yo te colocaré sobre un trono resplandeciente, porque he deseado tu belleza". Las vírgenes iniciaron el desfile, tras ellas iban los Apóstoles y en medio caminaba San Juan, llevando la palma simbólica. Al tercer día, los Apóstoles oyeron una voz muy conocida, que repetía "La paz sea con vosotros". Era Jesús, que venía a llevarse el cuerpo de su Madre.
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